Los teléfonos móviles de mi época

cabinaCuando era pequeño y los teléfonos móviles eran, si alguien pensaba en algo parecido, una utopía loca, teníamos algo que sin ser móvil, los suplía sin que -por no conocerlos- los envidiáramos o nos hicieran falta. Eran las cabinas telefónicas.

Al principio de mi vida eran pocas y estaban principalmente, como teléfonos sin casetas, en comercios, cines, oficinas públicas y poco a poco se fueron multiplicando y colocados primero en esquinas de grandes avenidas y calles importantes y al final, hasta hace muy poco, en los barrios.

Nos acostumbramos tanto a estos artefactos, que llegaron a coexistir durante varios años, principalmente cuando los emergentes móviles servían solamente para llamar y recibir llamadas y permitían como gran logro de la ciencia, enviar y recibir mensajes.

Las cabinas eran tremendamente prácticas, porque te servían para llamar un taxi, o decirle a tu madre que llegarías a comer con una chica, o al jefe, cuando se te habían quedado pegadas las sábanas que habías perdido el autobús y que te retrasarías unos minutos.

Jamás a través de alguno de esos teléfonos, llamabas a casa para decir que te abrieran la puerta que ya estabas abajo, o a la novia para contarle que el autobús había pasado dos minutos antes de la hora y lo habías perdido, ni menos para compartir con Javi impresiones sobre el grueso pelo que le había crecido en el culo a la actriz Margarita Despechada, que ni es actriz ni menos despechada, pero sí compañera de cama del afamado cantante, Trino Ruiseñor.

Por esos teléfonos hablabas cosas importantes, necesarias, y por los de ahora ni siquiera hablas…que solo hablamos los viejos, sino que escribes porque todo se limita a utilizar los dedos a explayarte en nimiedades a centrar tu vida entera mirando y tocando una pantalla que idiotiza de tal forma que intereses creados econ el fin de controlar las mentes de las masas, han instaurado a través de estos adminículos, reconvertidos en cámaras fotográficas, y ordenadores de ata gama, una de las dictaduras más horribles que la humanidad haya podido imaginar.

En fin. Lo que quería decir, es que todavía, aunque muy escasas, nos encontramos con alguna cabina raras veces utilizadas, más que para llamar a alguien y decirle que te llame al móvil, que no tienes saldo.

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