El independentismo catalán pide su apoyo a uno de los presidentes más impopulares de USA

tronats

Que el proceso soberanista catalán no le quita el sueño al resto del mundo, no es un secreto, que para la enorme mayoría de la población mundial viene siendo como una broma de mal gusto muy a la hispana usanza, tampoco, que para Europa resulta incómodo porque no existen para el caso respuestas diplomáticas que no ofendan, menos, pero que Puigdemont se haya ido a entrevistar para buscar su apoyo con Jimmy Carter, un anciano de 92 años, que carga a sus espaldas el sambenito de figurar entre los presidentes norteamericanos más impopulares de la historia, encaja más bien en el marco del humor negro.

Con la desesperada búsqueda de apoyos internacionales, queda clara la orfandad del proceso  a este nivel . Sus dirigentes viajan por todo el mundo buscando altas instancias y por ese mismo mundo se les encarrila hacia las que por protocolo les corresponde, y ante esta situación, lamentablemente para el gentilicio catalán, la autonomía da la imagen de poco seria.

Y si a esta escasa seriedad le añadimos que quienes llevan por la Tierra la justificación de una inconstitucionalidad extrema, más todavía cuando Catalunya fue la que más apoyo porcentual dio a la Constitución del 78, son personajes como Artur Mas o Carles Puigdemont que por su evidenciado intelecto, ofrecen una apariencia que probablemente en otros lares del mundo quizás y con mucha suerte les llevaría a la  alcaldía de alguna lejana pedanía, nulos son los resultados.

Estos caballeros, en lugar de reconocer en beneficio de sus aspiraciones, que falta un larguísimo camino por transitar para convencer al resto del planeta que la independencia  es legal, factible, necesaria y tiene bases contractuales e  históricas tan inapelables como las que esgrime por ejemplo  el Reino de  Escocia, al que tanto les gusta compararse, se dedican por el contrario a convertir de cara a sus seguidores. el fracaso y la orfandad cosechados a nivel mundial, en épicas y multitudinarias manifestaciones de reconocimiento a su reivindicación.

Vistas así las cosas, el viaje secreto de Puigdemont a USA, aparentemente financiado con dineros públicos para convencer a un respetable nonagenario acerca de las bondades de la República catalana, es gravísimo y no hace otra cosa que dar razones a los constitucionalistas del resto de España, para seguir poniendo todos los obstáculos legales posibles a un proceso que sin más argumentos que las consignas propias de épocas tenebrosas afortunadamente superadas, han calado en un sector importante de la población, como suele ocurrir con este tipo de propaganda, que enciende los ánimos radicalizando posiciones sin dar, en consecuencia, mayor espacio a la razón.

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