La dictadura de lo políticamente correcto, responsable del resurgimiento del populismo

Desde que Trump con su populismo extremo ganó las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, los que han convertido a la tolerancia en su bandera ideológica, perdida la política hace años, pero que aplican la más perversa intolerancia contra quienes piensen diferente, se han golpeado el pecho sin descanso , augurando para el mundo las peores pesadillas.

Sin embargo, no es solo Trump el que emerge en un horizonte que se percibe agresivo, porque en el Reino Unido de Su Graciosísima Majestad, en la republicana Francia, en los equilibrados y progresistas Países Bajos, en la conservadora Austria o la cristiana Alemania, surge y se afianza una extrema derecha que no es sino el producto de los pasmosos errores de una patéticamente mediocre clase política, que más que servir a los ciudadanos, su ocupación es  servir al capital,  servirse y ser servida.

Instaurada bajo este paraguas y casi sin que nos diéramos cuenta nació y creció una dictadura tan atroz como feroz como es la de lo políticamente correcto, que no solo lava cerebros, sino que sanciona cualquier atisbo de rebeldía oral o escrita, e incluso mental, o sea que penaliza aquella libre opinión que no siga la estrecha senda marcada por la guardia pretoriana del poder económico.

Este control del pensamiento y del libre albedrío, no podría tener otro resultado que el que estamos viendo, es decir,  el crecimiento de un monstruo que creíamos superado, porque a la acción limitadora ejercida por la clase política, probablemente en un intento por perpetuarse en el poder, creando la falsa sensación de que cualquier cosa diferente a ellos, es nefasta, emerge la reacción que nacida en la ignorancia en que nos ha sumido el poder, se convierte en irracional, libertina, grotesca y peligrosa.

Hace pocos años, durante los ochenta, cuando dirigía en Venezuela el diario La Tarde (de esa época es la imagen), ejercíamos el periodismo en libertad, hablábamos en libertad, pensábamos en libertad y ese ambiente creaba una tolerancia real, sencilla, voluntaria y se nos antojaba imposible el retorno del populismo, pero el mundo cambió allí y aquí, porque a la par de la globalización económica, se acentuó la mediocridad de aquellos que elegimos para que nos representen y que creyéndose mejores, hacen lo que les da la gana… ¡Y no les lleves la contraria!

Si el día de mañana vuelve a imponerse el populismo extremo, no debemos culpar a sus caudillos, sino a los verdaderos responsables, para que la historia no vuelva a tropezar con la misma piedra.

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