Hoy cumpliría 120 años: Mi abuela me hizo prometer que nunca sería político

yayaEn este día en que el Parlament hace solo dos aprobó iniciar la desconexión con el resto del Estado, intentando separar a  una Catalunya dividida de una España unida y que el peor presidente que se recuerde encabezando la Generalitat suplica con argumentos estúpidos e infantiles que le dejen seguir al frente de un proceso que no es, ni de lejos, suyo, mi buena abuela, la “yaya” como le llamábamos todos sus nietos, estaría cumpliendo 120 años.

Esta abuela mía era un ser curioso. Con un caracter firme y autoritario, fue comunista convencida, republicana de corazón, catalana nacida en Ohanes, Almería,  como ninguna, pero al mismo tiempo, orgullosamente española.

La yaya era además, una mujer honesta a carta cabal, puritana perdida y convencida de que sería una putería casarse en su viudez. Murió sin volver a conocer las mieses del amor desde 1927, fecha en la que murió el abuelo hasta 1976.

Pues bien. Esta peculiar mujer descaradamente antifranquista en Terrassa, se convirtió en aquel Chile en el que residió durante muchos años, en portavoz oficiosa y propagandista convencida de Pablo Neruda, cuando este disputaba a Allende la candidatura presidencial que al final logró el médico forense y que le llevó a la presidencia de aquel país. Respecto a Allende, fue más moderada porque le consideraba un burgués. Cuando en el 75, estando en Venezuela, murió Franco, lloró curiosamente, de manera amarga, pero no por la partida del Caudillo, sino porque temió en su bienamada tierra la concurrencia de otra guerra civil. No tuvo tiempo para tranquilizarse porque nueve meses después rindió su vida a un Creador en el que nunca llegó a creer.

Pues bien. Esta mujer peculiar que marcó mi vida a la antigua usanza aldeana con amor y golpes aprovechando su condición de madre putativa a falta de una real, solo me dejó un asombroso legado oral:

“Mi niño, si la vida te lleva a ser carterista, timador o ladrón, el destino sabrá perdonártelo, pero debes prometerme que jamás te harás político”. Se lo juré y lo he cumplido.

Lo he cumplido rechazando hace años una candidatura que ni pedí ni me ofrecieron, pero en la que mi nombre apareció en el tercer lugar de una lista aprovechando mi efímero prestigio y sorpresiva fama. Y más recientemente, haciéndome el despistado para no integrar otra.

Y no me arrepiento. Visto lo visto, comprendo y comparto la inquietud de mi añorada y adorada abuela.

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