Solo un tercio de los catalanes participa en la “consulta”

proceso

Pese a la más gigantesca campaña mediática llevada a cabo por la Generalitat, desconocida en democracia, solamente un 32 por ciento de los catalanes acudio ayer a expresar su opinión en torno al tema independentista.

En las grandes ciudades los puntos de votación donde tradicionalmente se centra el voto nacionalista, es decir en el sector céntrico, la asistencia fue masiva, pero los barrios se encargaron de desequilibrar, de amargar una asistencia que al final ha resultado ser la más abstencionista que recuerde la historia.

¿Quién ganó con este proceso participativo?

Absolutamente nadie. Primero porque no tiene valor legal alguno. Segundo porque aunque según los resultados, un 80 por ciento de los que participaron quieren la independencia y con la enorme movilización independentista convocada, la idea que prevalece es que solamente se sintieron incentivados a depositar su voto quienes sustentan las ideas soberanistas, y frente a esta perspectiva, las tesis secesionistas solo ilusionan al 32 por ciento, menos un 20 por ciento del total, que votaron en contra. En conclusión, la alianza soberanista no ha logrado llevar hasta las urnas de votación, más gente que la que ha movilizado en sus gigantescas manifestaciones. Tampoco han ganado los que según los soberanistas son unionistas, simplemente porque han pasado del tema.

Lo cierto es que el pan amasado a conveniencia por Mas bajo la atenta mirada de sus socios, utilizando fondos públicos,tampoco es extrapolable, porque un referéndum en torno al tema en el que todos se sientan partícipes y responsables, daría resultados impredecibles porque también lo es el pensamiento del que ayer prefirió quedarse en casa.

No es lo del obrero o lo del parado o lo del pensionista, o lo del ama de casa o lo del estudiante una división del Estado porque por encima de ello está llegar a fin de mes, superar la crisis, desesperarse en el día a día, preocuparse de la mañana a la noche, despertarse agobiado en medio del sueño. Y para este amplio sector importa poco bajo el yugo de qué plutocracia se muevan sus pies y se esfumen sus ilusiones.

¿Y ahora qué?

Ahora nada, porque seguiremos padeciendo de los mismos políticos en Madrid y Barcelona. Sin más intereses que los suyos. Gente que vive en el mundo de la opulencia y bajo la generalizada sospecha de corrupción que ellos mismos se han labrado. Un mundo al que poco importa el nacionalismo español o catalán, porque por sobre las ilusiones creadas en el vulgo están sus propios y mezquinos intereses.

Así es la vida. así son y así están las cosas.

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