Entre engullir y expeler… ¿Qué es más de merecer?

langosta

Si hay algo que no entiendo, entre la infinidad de asuntos que en mi profunda ignorancia desconozco, es por qué desde que existen las cámaras fotográficas, en los últimos años con todas las facilidades que comporta el que sean digitales o las de cine, que entre aquellas de 8 mm de ayer y estas de hoy también digitales hay un mundo de adelanto, la gente de la calle así como la de postín, inmortalizan en decenas, centenares, miles, millones de imágenes los manjares que se engullen en fiestas, reuniones, congresos y asambleas, incluso a veces captamos esa comida sencilla que compartimos con la pareja y los hijos.

Y no puedo entenderlo, porque no recibe el mismo tratamiento fotográfico, algo tan placentero como es la eyección de esos manjares que han entrado por la boca entre risas, bromas, comentarios, anécdotas, chascarrillos, algún enfado y un inoportuno eructo que  disimnulamos con la mano en la boca como si su presencia ejerciera las funciones de sordina, y salen por el ano en la silenciosa y seria intimidad del lavabo.

Serían estas fotos en aquellos viejos, grandes y molestos albumes con los que agobiamos a nuestros visitantes y en las más livianas exposiciones a través de la tablet o el móvil, el complemento ideal para ilustrar un momento memorable y el antídoto esperado en la aburrida exposición de gráficas personales.

Imaginaos por un momento vuestra oratoria orgullosa recordando el instante grabado para la eternidad en que comíais un trozo de sosa langosta en la cena del matrimonio de vuestro primo Amadeo con la Virginia… “¡Qué buena estaba esa langosta, tío”, mentiréis enseñando la imagen en que sin ningún estilo y solapada la vulgaridad con la borrachera, sosteneis entre los dientes un trozo del infortunado crustáceo… Punto y aparte para respirar.

Tras el respiro necesario y sin hacer más pasusa, continuamos con el tema anterior…Con aquel otro instante en que explicaréis la siguiente toma, “y qué a gustito me quedé cuando la eyecté”…

¡Hombre es que tan importante es lo uno como lo otro! Como y defeco. Si no como, no defeco. Si no defeco es o que no he comido o que estoy estreñido.

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