Nostalgia por Ciudad Bolívar

En primer plano, el casco histórico de Ciudad Bolívar, población bañada por las majestuosas aguas del inmortal Orinoco (Diario El Expreso)

En primer plano, el casco histórico de Ciudad Bolívar, población bañada por las majestuosas aguas del inmortal Orinoco (Diario El Expreso)

La mañana de este domingo, 13 de octubre del 2013, he visto en la portada del diario El Expreso donde trabajé en tres oportunidades entre 1986 y 1997, una panorámica de Ciudad Bolívar, la capital del extenso Estado Bolívar, en Venezuela.

Me invadió una gran nostalgia, porque sin haber sido de mis preferidas, en esta ciudad viví experiencias intensas dentro del periodismo, junto a compañeros inolvidables, entre los que debo destacar a los fotógrafos Marco Yánez y Zulay Alí, especialmente el primero, con quien compartí momentos informativos extremos y con quien en más de una ocasión enfrenté el peligro escudados ambos anímicamente en la información. Siempre después de esquivar la guadaña de la muerte que debe haber sentido cierta simpatía por nosotros, lejos de sudar por el riesgo y llorar por lograr la supervivencia, reíamos, refrescados nuestros cuerpos por cervezas, por haberla burlado.

En ella conocí a Chemelo, el editor de los diarios El Expreso y La Tarde, a Chemelito, su hijo, publicista como pocos, a Juan Malma el eterno subdirector del primero y a muchos periodistas que llegaban con títulos recién horneados y se iban meses después con la experiencia debajo del brazo a destinos “mejores”.

René Silva Idrogo, médico, político, novelista, ensayista, poeta y político

René Silva Idrogo, médico, novelista, ensayista, poeta y político

Pero sobre todo, en Ciudad Bolívar, como secretario de Redacción de El Expreso, primero, director de La Tarde después y Asesor editorial de ambos muchos años más tarde, tuvimos Norma y yo muchos amigos, como el poeta John Sampson, conocido como “el negro” Sampson, Elvira Toro, la inolvidable recepcionista de El Expreso, el propio Marco e Irene Carvajal, su mujer y jefa de redacción de El Expreso, y, cómo no, René Silva Idrogo, gobernador del Estado y Librada, su preciosa mujer con quienes compartimos momentos inolvidables.

Pero más allá de la profesión y de la gente, aquella extraña gran ciudad enclavada en plena Guayana, bañada por el majestuoso Orinoco, es capaz de dejarte un sabor especial en los labios. El sabor del misterio, de la belleza, del calor, de la lluvia intensa, de la selva y la civilización, del amor que por ella siente su gente, el orgullo por su historia, más bolivariana que nunca en su época angostureña.

Mientras escribo esto, mi mujer no para de declarar su admiración reflexiva y objetiva por su adorada Ciudad Guayana y yo de justificar mi cariño irreflexivo y subjetivo por la que fuera capital de Venezuela en tiempos de Bolívar. Son dos posturas irreconciliables que como siempre, terminará con el dulce beso cariñoso con el que solemos zanjar nuestras grandes o pequeñas diferencias.

Cuestión de gustos, recuerdos y vivencias.

Por cierto, gracias a El Expreso por publicar esta imagen

Antes de terminar debo decir que acabo de enterarme que René Silva Idrogo habría fallecido en marzo del año pasado. Espero que no.

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