Se han acabado diez años de frustraciones

cadenasEste es un día especial, porque después de diez años he recorrido por última vez la construcción que ha dado techo y paredes, aunque no sentido, a mi último trabajo, si es que trabajo se le puede llamar a lo que he hecho.

He circulado por sus pasillos, oficinas, subido y bajado escaleras sin el menor asomo de tristeza, ni menos nostalgia, con la sensación, eso sí, de que no se me queda nada y si algo queda, no será aquí, sino en la calle, en la casa, en el bar, en los sitios donde se reúnen los amigos.

Forman estos diez años, los peores de mi vida. En todos los casos, salvando las excepciones que confirman las reglas, he debido lidiar con la mediocridad, con la simpleza del que poco sabe, con el atrevimiento de la ignorancia y la sinrazón de la envidia. Todo ello me llevó un día a expresar lo que sentía en un momento de especial frustración… “¡Nunca he visto tanto tonto junto!”.

He contemplado en estos diez años el fraude impune a la Seguridad Social y a Hacienda, el intrusismo laboral impuesto a los trabajadores para ahorro del empresario, infraccciones flagrantes a la legislación laboral, además de transgresiones a las normas ISO, que tan sagradas son en otros puntos.

En estos dos lustros he tenido cariñosos recuerdos de los días de Madrid, de Almería, de Caracas, Ciudad Guayana, Concepción y Santiago. De los amigos de verdad. De los buenos momentos barnizados de franqueza y de los malos, teñidos de razones naturales.

Aquello no lo volveré a recuperar, aunque queden los amigos y de estos años recientes puedo decir que permanecerán marcados como una pesadilla en la que ni siquiera en las postrimerías de la vida laboral, ha aflorado la legalidad de la empresa, ni menos una nobleza, que no existe.

Si no fuese por los cinco nietos venidos al mundo en este período, sería este, desde luego necesario de olvidar, aunque las venturas familiares son desmarcables de las desventuras originadas por unos burros que pretenden ser humanos y unos humanos que no han sido más que burros.

A partir de ahora, daré un giro a mi vida y con la libertad que se alcanza al romper los obstáculos de los factores condicionantes, ha llegado simplemente el momento de hablar., de contar muchas cosas. Ya tendremos tiempo.

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