Mi perro se comió mis huevos

En el momento en que se captó la gráfica, nada hacía presagiar el cruel desenlace

Tenemos en casa a un perro que junto a un gato, logran el equilibrio perfecto en la familia. El felino lleva tiempo con nosotros y el can llegó un día que mi hija, una amiga y mi mujer que las acompañaba de mala leche, advirtiéndo que ella no le limpiaría la mierda al perro, salieron a buscar a un setter de dos meses y llegaron cuatro horas después con un pointer de cinco.

Pero lo malo es que no venía solo, sino que le acompañaba un cargamento de sarna de la buena, pulgas de las agresivas, heridas de malos tratos y unas lombrices en su tripa que consumían más de lo que el perro comía y claro, yo para esas cosas soy muy aprehensivo y mientras todas las mujeres, hija, amiga y parienta se deshacían en cariños con el penoso can al que le faltaba culo para esconder su cola del puro miedo que le consumía, yo me hacía el duro consumido, eso sí, por la pena.

Dos días y trescientos euros menos en medicinas, y veterinario después, el perrillo aflojó algo la colita y solamente dejaba su temerosa sumisión para aparecerse delante del pobre gato para perseguirlo por toda la casa y tras de un par de hocicazos, dejarlo sin comida, porque parece ser que el medio kilo de pienso diario que consume no es suficiente.

Nos sorprendió que pese al maltrato recibido, el chucho desde un principio cagó y meó en la calle y la tonelada de papel de diario que me había agenciado en una empresa recicladora por dos mil quinietos euros, se nos ha quedado ahí, aunque ahora lo aprovechamos ahorrando en papel higiénico (no hay mal que por bien no venga).

la cuestión es que un mes después de su llegada, el perro, Cooper se llama, es el puto amo de la casa y es simpático, juguetón, poco ladrador, amigo de su amigo el gato que tras años de tranquilidad, es ahora otro trasto inquieto más.

Pero lo peor, amigos míos -dar confianza es pernicioso- ha ocurrido pocas horas antes de escribir esto.

Estaba yo estirado en el sofá disfrutando con las noticias de la regia familia Borbón que daban por la tele, cuando el perro me saltó encima y me inmovilizó mientras gruñía amenazante. Mi mujer cocinaba lo que podía tras el recorte de un veinte por ciento de mi sueldo y un 12 por ciento más de retención que aporto patrióticamente para la salida de la crisis.

¡Deberías ver el tremendo hocico del aún cachorro en torno de mis vergüenzas! Traté varias veces de desviar su atención y salvar mi amenazada hombría…Fue entonces cuando mi mujer, ajena a mi terror, me informó que… “¡la comida está servida!” y el perro cabrón, mil veces cabrón, se comió mis huevos de un asombroso salto y certero mordisco.

Con esto de la crisis, ahorramos hasta en la comida y para hoy tocaban un par de huevos para cada uno… ¡Nadie se solidarizó conmigo y me quedé masticando agua para engañar a mis entrañas!… Y Cooper -castigo de Dios- padeció de una copiosa diarrea el resto del día, que con suerte le enseñará a no codiciar los bienes del prójimo.

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