El día que murió el Papa Pío XII

Aun recuerdo aquella fresca mañana de octubre de 1958, cuando al poco rato de haber llegado al Cole y en plena clase de historia con el Hermano Humberto, entró abruptamente en el salón el padre Bernardo, un alemán declaradamente nazi. Tenía el hombre rubio, de piel roja, ojos azules y de mirada maligna, obeso y siempre ataviado con una sotana blanca, el rostro descompuesto. Se persignó distraidamente y por inercia le imitamos.

El padre Bernardo que no se destacaba precisamente por su bondad, nos conminó a gritos a dirigirnos en fila y respetuosamente a la enorme capilla del colegio. Mientras formábamos, le dijo algo al oído al Hermano Humberto, que volvió a santiguarse imprimiendo a su rostro una profunda mueca de dolor.

La iglesia olía a incienso y alrededor del altar, de cara al Sagrario, permanecían arrodillados y con atuendos propios de las misas de difuntos, todos los religiosos de la Congregación. En esos momentos, las campanas de nuestra capilla así como las del resto de iglesias que quedaban a nuestro alcance acústico, tañían a muerte.

El rector del cole, un cura alto, seco y antipático, que fungía además como capellán de un regimiento de caballería cercano, se puso en pie, se giró hacia nosotros, abrió ambos brazos y mirando hacia el cielo, clamó con profundo dolor y consternación:

“El Papa Pío XII ha muerto”.

El órgano irrumpió en sacra melodía, mientras que los santos sacerdotes adaptando sus voces a la forma más cercana a las de los barítonos, comenzaron a cantar canciones lastimeras en latín.

Fue en aquel instante en donde por primera vez y a mis nueve tiernos añitos, di rienda suelta a mi profunda hipocrecía y a mis tempranas dotes histriónicas. Un dolido ” ¡No, Dios mío!” se escapó de mi infantil y aguda garganta, mientras cubría teatralmente mi rostro con ambas manos para ocultar unas lágrimas que no tenían motivo alguno para regar mi faz. Los curas y mis compañeros no disimularon su admiración hacia mi dolor y fervorosa veneración por aquel santo varón que acababa de sentatse al lado del Todopoderoso.

Con una abuela marxista limitada por dogmas primarios y un padre republicano de derechas y anticlerical, estar en un colegio de curas era lo menos indicado del mundo y a falta de alternativas, la teatralidad y la hipocrecía eran mis armas.

Tras la larga misa, nos mandaron a casa por tres días durante los cuales debíamos rezar por el alma del Pontífice, pero del que solo nos acordamos para agradecer que su muerte nos había significado unos días de inesperado asueto.

Recuerdo con la perspectiva de los muchos años transcurridos desde entonces que Pío XII había sido el único Papa romano que conocía y que de él sabía muchas cosas… las que me decían los sacerdotes, que eran mentiras según mi abuela y lo que me contaba ella, que era la única y pura verdad, o sea que el finado era un fascista perdido y antijudío declarado y que cuando muriese, se pudriría en el infierno

Sobre si era bueno o no, si era fascista o no, si era antijudío o no, eso lo dirá la historia. Lo que sí quedó como hecho inesmentible para la historia es que su incorruptibilidad no fue uno de sus primeros milagros para canonizarlo.

Me explico.

Se ha convertido en una tradición en la iglesia Católica aseverar que los cuerpos de los santos son incorruptos y para demostrarlo, han recubierto con máscaras de cera los despojos de muchos de aquellos que mantienen en morbosa exhibición, ocultando el crédito del artista en beneficio del ficticio milagro.

La cuestión es que el cuerpo de Pío XII, aquel hombre que moría según la Iglesia en estado de santidad, por las causas que fuesen, no duró incorrupto ni siquiera seis horas. Incluso los guardias suizos apostados alrededor del cadáver, comenzaron a desmayarse víctimas de la pestilencia que emanaba de los regios despojos y luego, se le envolvió en un gran plástico para disimular no solamente el olor sino la piel ennegrecida y cuando se hubo hinchado lo suficiente como para temer que el santo padre explotara, se le metió prestamente en un ataúd.

Y mi abuela nunca llegó a enterarse de esos detalles.

Anuncios

2 comentarios en “El día que murió el Papa Pío XII

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s