SI NO ACERTAMOS EN LA PREDICCIÓN DE SU FUTURO, LE DEVOLVEMOS DIEZ VECES LO QUE NOS HAYA PAGADO

En esta ocasión y después de un prolongado silencio, he decidido escribir y como no tenía nada en mente, he considerado oportuno dar un breve cursillo a quienes aspiren a ser videntes.

Comenzaré por decir que esto de las artes de predecir el futuro es una cosa seria, tanto, que hay mil formas de hacerlo, por ejemplo las líneas de las manos, las cartas -españolas, tarot, egipcias, sirias, gitanas, etruscas, etc.-, la borra del café, las piedras, la orina fresca, la sangre de una gallina joven recién degollada, la videncia innata, la videncia a través de los ángeles… En fin, que hay muchas formas, pero un solo resultado que al final si fallas tienes que usar toda tu artillería verborréica para justificarte y no perder clientes y si aciertas, quedas como un rey… Por algo en eso de la videncia la tasa de error es de un cincuenta por ciento, lo que automáticamente te da una tasa de aciertos de la mitad de lo que dices… ¡Vamos que es como lanzar una moneda al aire!… Cara o cruz.

Respecto a esto, tenía en mi “hora de las brujas”, una sección inolvidable del programa radial “La hora del ensueño y del amor”, a una entre otras brujas, que se llamaba Mari Carmen quien, como las otras, tenía unos minutillos para atender llamadas telefónicas en antena. Pues bien, esta tarotista -ese era su sistema de adivinación- no tenía ni pijotera idea de leer las cartas, por lo que recurría con un laconismo enervante, al menos para un programa radial que necesita de mucha cháchara, a un magistral sistema, no exento de la más genuina e ingenua franqueza… Me explico gráficamente:

-Oyente: Mari Carmen, soy Natalia de Caranachel y me gusta un chico que se llama David… ¿Crees que voy a terminar saliendo con él?
-Mari Carmen: Cincuenta poor ciento de probabilidades que sí, cincuenta por ciento de probabilidades que no..

O, en otro sentido:

-Oyente: Hola, Mari carmen. Mi nombre es Javi y te llamo desde Toledo… ¿Tú crees que conseguiré tranajo para el otoño?
-Mari Carmen: Cincuenta poor ciento de probabilidades que sí, cincuenta por ciento de probabilidades que no.

Lo sorprendente del caso es que si Natalia comenzaba a salir con el chico o Javi conseguía su trabajo, recomendaban a Mari carmen como la mejor del mundo y así, en la misma proporción que perdía la fidelidad de quienes no lograban sus objetivos, los que sí, la recomendaban como si fuese la quintaescencia de la perfección.

Hubo en el programa otras brujillas, Rosa y Angela me vienen a la mente. Mística y excelente conversadora la primera, tanto que lo mala vidente que era lo compensaba con sus historias de ángeles y simpática y charlatana nata la segunda, no acertaba ni una, pero llenaba de esperanzas a sus interlocutores, que es lo que en definitiva buscaban.

Porque eso sí tienen las artes adivinatorias. Si dices al consultante lo que te indica el sentido común o la intuición o le das la respuesta literal de las cartas, te morirás de hambre. Lo que tienes que hacer es darle a tu cliente, lo que quiere y lo tendrás como tal durante muchos meses.

Por ejemplo, si consideramos que el consultante suele ser una persona con una notoria baja estima, inseguro y que apela a nosotros después de haber perdido las esperanzas, no necesitará que le digamos la verdad “olvídate de esa persona… el trabajo no se vislumbra por ninguna parte”, sino más bien que nos convirtamos en un apéndice importante de sus sueños… (¡Caramba! Qué bien te veo con esa persona… Deberás tener un poco de paciencia, pero tus angustias se verán compensadas y si el tema es laboral… ¿Sabías que ese será el mejor trabajo de tu vida? Veo buenos compañeros, amistades, mucho dinero y… alguien muy importante en tu vida -y matas dos pájaros de un tiro-. Eso sí, añádele siempre la coletilla “Deberás tener un poco de paciencia, pero tus angustias se verán compensadas”, para darte tiempo.

Al final, piensa que el oficio del clarividente es como la profesión del economista. Ambos se la pasan la mitad del tiempo haciendo previsiones a futuro y la otra mitad explicando los impodenrables que han podido ocasionar una leve desviación de las mismas, o sea su supina ignorancia sobre lo que está por venir

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