Te regalo una historia de Navidad

A mí la ilusión por los Reyes Magos me duró nada. Lo que podría permitir una abuela adorada aunque no adorable, marcada por el más puro materialismo marxista que abrazó mezclado curiosamente con una veneración visceral hacia la Virgen de Montserrat y una fe ciega en Santa Lucía, la patrona de los invidentes.
La cuestión es que mientras crecía en los cuatro primeros años de mi vida creyendo incondicionalmente en aquella gran mentira que nos prepara para la gran mentira de todos los dogmas de la vida, esos al menos dos años que tuve en aquel período algo de razón -una razón que aún no termina de madurar- mi padre que sí disfrutaba con aquellas fiestas y con la alegría que generaban en la chiquillería, me llevaba desde principios de diciembre a la montaña donde de noche el cielo se veía claramente salpicado por miríadas de astros y estrellas y me señalaba el cuerpo más luminoso después de la luna para comentar que aquella era la estrella que guiaba a sus Majestades de Oriente hacia el Portal de Belén, donde cada 25 de diciembre nacía el Hijo de Dios al que le llevaban muchos regalos, tantos, que los que sobraban se podían repartir entre todos los niños del mundo.
Hoy mi penosa ignorancia ilustrada me permite saber que aquel cuerpo brillante es el planeta Venus. Lo supe cuando supe que los Reyes Magos no eran ni reyes, ni magos y que ni siquiera eran nada más que una fantasía, aunque para aquel entoces, hablarme de un planeta era como hablarme hoy de física cuántica.
Todavía me acuerdo de aquella mañana del 6 de enero de 1954, cuando tras rasgar el papel de regalo de aquella enorme caja puesta al lado del Belén, junto a muchas otras, exclamé al ver su contenido…
-¡Mira lo que me han traído los reyes, yaya! Un tren de juguete que parece de verdad!
Y su respuesta fue clara, certera, deshumanizada e indiferente.
-No seas tontaina, criatura. Eso te lo ha comprado tu padre en las tiendas Paya, que los reyes son un invento de los curas “pa’sacarle los cuartos” a gente como él.
Y de ahí en adelante tuve tres tareas por aquellas fechas. Una, pedir a mi padre lo que quería de regalo. Otra, abrir los paquetes y una tercera, más trabajosa porque me llevaba todo el mes de diciembre y parte de enero, chafar la ilusión de los ingenuos niños que aún vivían en el engaño.

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3 comentarios en “Te regalo una historia de Navidad

  1. Hay adultos que se alegran de haber vivido algunos años con la ingenua ilusión de que sus regalos no suponían un sacrificio para sus padres. Cuando han sido lo bastante maduros, han descubierto que en este mundo no hay amor sin sacrificio, pero que el sacrificio no impide que el amor realice el milagro de la felicidad.

    Muchas gracias por tu cuento!!!

  2. Muchas gracias por tu cuento!! Ojalá pudiéramos guardar a lo largo de nuestras vidas algo de esa ingenuidad e ilusión que nos caracteriza cuando somos niños. Estoy segura de que las cosas en el mundo irían algo mejor. En cuanto al mensaje del cuento, yo también me llevé una desilusión tremenda cuando me enteré de que los Reyes Magos no eran tales. De la rabia que me dio, se lo conté a mi hermana, dos años menor que yo. Qué mala pécora fui! Besos.

  3. Sin duda, un saludo original en todo sentido. Sólo un comentario. Estoy de acuerdo con tu yaya. Un fuerte abrazo a la familia y una maravillosa navidad con el espíritu de lo que debiera ser siempre. Una noche mágica para disfrutar, compartir y agradecer. Salud!

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