Los chilenos andan escasos de abuelas

Hace un par de años, o así, abordé el curioso caso del tratamiento de los apellidos en Chile, donde la necesidad impuesta por una extraña y profunda delimitación de clases sociales, derivó en la creación de una aristocracia artificial  que asimiló los apellidos de antiguos currantes de poca monta, ex presidiarios y aventureros vascos, elevándolos a la altura de la más rancia nobleza europea, llegándose en este inexplicable afán hasta la creación de un club exclusivo, el Club de la Unión, al que solamente podían pertenecer los elementos agraciados con ellos y ¡ojo! debían poseerlos desde varias generaciones, al menos desde los bisabuelos. También comentábamos que como no todo el mundo encajaba en esa asombrosa y peculiar limitación, se apeló, para justificar su pertenencia a esa neoaristocracia con tintes provincianos, a que si los Pérez, los González, los Hernández, o sea todos los hijos de… (Pedro, Gonzalo, Hernando, por ejemplo), eran nativos de la provincia de Talca, necesariamente debían ser descendientes de gentes de las más altas posiciones de España, (aventureros, soldadesca, también ex presidiarios y un largo etcétera que la necesidad elevó al rango mínimo de burgueses acomodadísimos) y por ende, también de las chilenas.

Pero esa nación hermosa enclavada en los límites del mundo del que está aislada por una larga y alta cordillera provista de miles de cañones defensivos en forma de volcanes y un Océano embravecido e inquieto que de pacífico tiene solamente el nombre, es poseedor de otras pecualiaridades, principalmente en forma de tópicos y a algunos de ellos paso a referirme hoy.

Comencemos por el primero… Según dicen, es el país más lindo del mundo. Este tópico lo justifican sus nativos, por su variada geografía, que comienza con la aridez del Norte, donde por ejemplo, se encuentra el desierto de Atacama, el más árido del mundo, seguida por una extensa zona central con clima mediterráneo, luego por el sur por otra  muy verde, llena de ríos, lagos y lagunas, e impresionantes volcanes y culminando con un extremo austral, salpicado de miles de islas e islotes, la mayoría difícilmente habitables.

Todo ello es realmente precioso. Impresionante, pero… comparable. Y al decir comparable es que hay naciones que cuentan con bellezas similares, más o menos bonitas, otras que no las tienen y otras que las tienen mejores. Por citar un ejemplo, mientras mi mujer y yo visitábamos la zona de Canaima en la Guayana venezolana, un chileno le comentó a su pareja en voz baja… “y nosotros que creíamos que Chile era el país más lindo del mundo”…

El segundo y tercer tópicos, tienen que ver con los símbolos nacionales y en ellos nadie transige.

Se afirma categóricamente dentro de su larguísima fontera, que en un concurso internacional de banderas, la chilena resultó ser la más bella y emblemática del planeta y en otro, que el himno quedó en segundo lugar por detrás de la marsellesa. Estos tópicos, sin embargo, se repiten en la práctica totalidad de las naciones latinoamericanas, con la enseña y el himno, lógicamente, de cada república interesada. Pero es que en Chile, hay quien le pone al inexistente concurso de himnos, año y lugar: 1891, en París, lo que vendría a explicar la injusticia de que el himno quedara en segundo lugar por detrás del francés. Es más, un individuo llegó a decirme un día que en ese concurso habían cantado a dúo Fresia Soto y José Alfredo “el pollo” Fuentes, que posiblemente hayan sido eternos, porque ambos triunfaron, una a fines de los 50 y principios de los sesenta y el otro desde mediados de los sesenta.

El otro gran tópico es el de la belleza absolutamente incomparable de la mujer chilena.¡Hombre! Aparte de que las comparaciones por sexo resultan agraviantes, ya que estamos hablando del femenino y dejando aparte mi convicción de que la mujer solamente por el solo hecho de serlo, es el ser más perfecto de la creación, debemos reconocer que en cuanto a belleza estética, en Chile como en todas partes, las hay de todo tipo, o sea algunas guapas, otras menos guapas y otras nada guapas, como en otras naciones. En este punto se llega al extremo de que este pueblo que con una condecendencia que conmueve, le otorga las piernas más bonitas del mundo a las españolas, obligaba (al menos en los años en que viví allí), a los cantantes populares que visitaban el país, mayoritariamente invitados al Festival de la Canción de Viña del Mar, a expresar su admiración por la inigualable belleza de la mujer autóctona. Y lo hacían de una forma que denotaba una evidente instrucción previa. En aquellos lares y datas , el equivalente a “formidable” o más castizo “de puta madre”, era -ignoro el motivo- un “¡caballo!”… Y cada vez que se les preguntaba, por ejemplo a Paul Anka en un Estadio Santa Laura a rebosar o a Dean Reed en la Quinta Vergara de Viña del Mar, llena de cabo a rabo… “¿Y qué te parece la mujer chilena?”… un “caballou” acompañado de una cara de tonto lastimosa, precedía a una ovación solamente comparable al aullido que arranca un gol de Messi o de Cristiano, tras sortear a cinco o seis rivales, y luego quedaban a modo de murmullo, los comentarios satisfechos que más o menos hacían referencia a que “estos gringos de mierda que también tienen hartas mujeres bonitas (ùnica oportunidad que se reconocía esa posibilidad) se quedan agüeoenaos con lo encachás que son las cabritas chilenas, puh”. Y todos felices y contentos, menos el artista que no acababa de comprender el por qué un “caballou” había tenido más éxito y ovaciones que sus mejores interpretaciones.

Y finalmente, aunque quedarán muchos tópicos en el tintero informático, una sobrevalorada autoestima les lleva a afirmar sin el más mínimo asomo de rubor, que son el pueblo más simpático y divertido, amén de inteligente del mundo… Y francamente, como en todo, hay de todo, aunque en el aspecto de la simpatía, suele el chileno, aparecer a los ojos del forastero, como un pueblo sombrío, dejando la aplicación de este tópico particular restringida -como es lo lormal, a quienes en realidad son simpáticos o divertidos.

Posiblemente, como sus vecinos argentinos, los chilenos andarán escasos de abuelas.

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