Mi amigo el saltamontes

Este mediodía, mientras comía en el bar, un bar que suele estar vacío los fines de semana, me percaté que no estaba del todo solo. Que tenía un acompañante, tan próximo a mí como solamente la amistad puede permitir y junto a él comí, aunque no pudimos compartir el potaje, porque me acompañaba es cierto, pero observándome con detención desde el otro lado de la ventana, mejor dicho, y siempre es conveniente aclarar las cosas, estaba descansando pegado en la ventana.
En ocasiones comer solo es triste, quizás depresivo y según como te lo tomes, también diarréico (vamos, que la soledad durante el llenado de tripa puede ocasionar algún que otro trastorno) y esto me lo ha evitado el pequeño y curioso saltamontes.
Antes de marcharme del bar, le he prometido al bichito verde, que como agradecimiento le dedicaría en mi blog un par de palabritas que acompañaría con la foto que adjunto. Y lo cumplo (aunque nunca llegue a enterarse)
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