“Kandy”

Este martes hacen 50 años que murió “Kandy”. Lo hizo dentro de su caseta, mirándonos a Juan -mi hermano- y a mí mientras estudiábamos en la amplia terraza de terracota que había a la salida del comedor de nuestro chalé. Justamente por estar con sus ojitos tristes abiertos, no nos dimos cuenta hasta mucho después que el precioso cocker spaniel ya no respiraba. Estaba el pobre tan mal, que ya el día anterior al encontrarlo en medio del jardín trasero tirado y cubierto de hormigas, habíamos comenzado a abrir una fosa para enterrarlo, aunque de pronto, en lo que pensamos que era un milagro, el animal reaccionó y se fue a acostar en su caseta. Ese día, el de su muerte, incluso estuvo toda la mañana arrastrándose de un sitio a otro, que dado su deteriorado estado, ya era mucho y esperanzador.
“Kandy” llegó a la casa por casualidad y se nos fue por el mismo motivo que su arribo fue casual.
En efecto, un día de febrero del 59 paseábamos en coche mi padre, su mujer, mi hermano y yo, cuando vimos un cartel de madera en una casa “vendo preciosos cachorros cocker”.
Y aunque sabíamos que nuestro deseo chocaría frontalmente con la manía de mi padre de gastar lo mínimo posible y solamente en lo más importante, comenzamos a dar la tabarra con “queremos tener un perro, queremos tener un perro”, un latiguillo al que sorpresivamente se unió nuestra madrastra y eso le complicó un poco las cosas al viejo, porque a veces por “quita allá esta paja”, se montaba tal trifulca en el chalé, que parece ser que se lo pensó.
Habían, me acuerdo, cuatro cachorrillos, dos machos y dos hembras y uno especialmente, destacaba por su mirada triste e inteligente a la vez. Con su pelito color fuego y sus grandes orejas colgando, salió y entró de aquella casa cuatro veces, tantas como fracasaron los intentos de mi padre por rebajar el precio del jovenzuelo ladrador. Al final, rebajado a la mitad y con mi padre refunfuñando porque tal vez quería que se lo regalasen, nos fuimos con el perro que en menos de cinco minutos ya había sido bautizado como “Kandy”.
Gloria lo besó y lo abrazó y mi padre refunfuñó, Juan lo besó y lo abrazó y mi padre refunfuñó, yo lo besé y lo abracé y mi padre refunfuñó. “Kandy” se meó y se cagó casi a la par y a mi padre le dio tal ataque de histeria que aquello parecía el fin del mundo… ¡Un sucio e indeseado animalucho había ensuciado su pulcro Buick! Aquello era intolerable y condenó a “Kandy” a dormir en el jardín. Sin embargo, los gemidos y aullidos del cachorro y los destrozos que hizo en un tiempo récord en las plantas y flores, convencieron al viejo que durmiera dentro de la casa.
Poco a poco cesaron los gemidos y aullidos y en un par de días, todo había cambiado:”Kandy” había destrozado las cortinas y las patas de la mesa y sillas del comedor, en lugar de las plantas del jardín.
Finalmente, un carpintero de la fábrica textil de mi padre le construyó una hermosa caseta y le levantó una cerca de madera alrededor, dejándole un amplio espacio para que pudiera retozar a sus anchas. Juan y yo, al llegar del cole, y muchas veces Gloria a cualquier hora, le dejábamos salir bajo estricta vigilancia, hasta que el cachorro se fue calmando en su afán destructor y lo único que seguía haciendo era mordernos a todos los tobillos… ¡Tenía pasión por los tobillos humanos!… aunque no llegaba a hacer daño.
Un mal día, el perro desapareció y de ello culpamos incluída Gloria su mujer, a mi padre y todos estuvimos siete días sin hablarle, hasta que al octavo, llegó el jardinero de la casa con el perro cubierto de barro, casi muerto y tiritando. Lo había encontrado en un pozo de unos tres metros de profundidad, junto a una perra recién muerta, nos contó.
Como obviamente no lo podríamos llevar al veterinario, Gloria lo bañó, lo secó y lo puso en un sitio tibio cerca de la cocina. En dos días estaba como nuevo.
Era septiembre.
Un mes después, el mejor amigo de “Kandy”, “Rudy”, un pastor alemán de pelaje claro y sin dueño conocido y al que alimentaban todas las familias del barrio, desapareció también y fue por el olor que lo encontramos muerto cerca de las vías del tren. “Grumpy”, el perro de los Soto, también del grupo de perros, cayó enfermo.
El animal apenas podía caminar y los chavales de la familia con los que solíamos jugar al fútbol, lo llevaron rápidamente al veterinario, le completaron el tratamiento para el “moquillo” y cuando ya el perro convalecía claramente mejorado, “Kandy” presentó los mismos síntomas.
Durante un par de semanas estuvimos rogando infructuosamente a mi padre para que lo llevara al veterinario, pero insistía en que los veterinarios eran unos ladrones y que los perros no se morían de eso. Sin embargo, el deterioro físico del animalillo terminó por conmoverle y lo llevó. Allí el doctor explicó que lo habíamos llevado muy tarde, pero que intentaría salvarlo y le comenzó a aplicar el tratamiento en base de inyecciones ese mismo día. Aquella visita terminó con un duro regateo de mi padre que no logró su objetivo de ninguna rebaja.
Como el perro tuvo una reacción positiva con aquel inicio de tratamiento, el viejo optó por diagnosticar una curación rápida que no requería de gastos en medicamentos.
Dos semanas después, regresamos Juan y yo al veterinario, sin “Kandy” con el dinero que habíamos reunidos entre la pandilla, y el hombre al ver el esfuerzo, nos regaló parte del tratamiento, aunque fue poco optimista en cuanto a los resultados. El practicante de la fábrica le puso durante dos días las cuatro inyecciones que nos había dado el profesional, y al tercero, cuando ya no quedaban, la reacción de nuestro amigo el cuadrúpedo, fue la de parecer muerto estando vivo y al cuarto, murió cuando parecía vivo. Era un 24 de noviembre de 1959.
Lo enterramos junto a su amigo “Rudy” entre medio de unos arbustos.
Curiosamente, un mes más tarde, el viejísimo perro de los vigilantes de la casa que también había hecho amistad con “Kandy”, “Rudy” y “Grumpy”, se fue renqueando hasta donde estaban enterrados los dos primeros, se recostó entre ambos y allí murió y allí lo enterramos.
NOTA: esta historia está contenida en mi pequeño libro “Los dulces perros de mi vida“, que contiene otras tres historias y que podrás descargar gratuitamente clicando en este enlace:
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5 comentarios en ““Kandy”

  1. esta historia es muy conmovedora yo adoro a los cocker ya que son una raza muy muy especial en cuanto miembro familiar se refiere se gana el cariño de los demas e incluyendo la leectura es una exelennte narracion digna de un buen autor!! felicitaciones y amemos a los perros nuestros mejres amigos!!

  2. esta historia es hermosa,
    se parece en algo a mi historia, mi cocker fallecio luego de ingerir comida para ratones, dejado por mi madre un dia antes,
    fue lamentable su perdida, yo no tengo experiencia con lo caninos, no sabia como reaccionar ante los vomitos, no tenia idea que habia veneno en casa, pense que la leche que le di una noche antes, le habia echo mal, aun estoy dolida, se k tengo q ser fuerte, y que esa belleza de cocker negro al cual le llamaba BEBE, se gano mi corazon en solo unos dias, lo amo y me duel su partida.
    amen a sus perros y cuidenlo x k ellos tambien sienten al igual k nosotros,
    eB

  3. pues me da mucha pena que se haya muerto esos perros me encantan tengo uno es muy jugueton, se llama estich del mismo color lo quiero mucho .son muy tiernos yo lo cuido mucho y no se que pasaria sin el. cuiden a perros no los descuiden ellos tambien sienten.

  4. hola yo tengo un cachorrito cocker se llama Tofiee tiene casi dos meses es mi bebe yo lo adoro , y si son muy juguetones les gusta morder todo , mi hijito por mas que le compre un hueso para q jugara nada se viene a morderme la mano o el brazo, y mi hijito es muy renegon todo el dia se la pasa refunfuñando y como olvidar sus sorpresas del dia si no se orina se hace la depo por toda la casa pero aun asi yo lo amo, ahora ya esta en la etapa de jugar con los zapatos, por favor cuiden a loa animalitos ellos nos dan una gran compañia , nos brindan su cariño desinteresado, son lo maximo en especial los perritos, y solo decirle al autor q su historia me conmovio mucho yo no se q haria si algo malo le pasa a mi hijito lo amo tanto…………….

  5. pues yo tambien tengo una perrita coker spaniel y ella siempre viene a morderme ellos son muy juguetosnes,nobles ,rechevres pero eso si unos dientes que muerden orriblee pero de todas maneras la kiero a penas tiene 3 meses y pues le doy gracias a dios que no se me ha muerto,es mi BebE.. La aMo

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